martes, 18 de septiembre de 2007

Reflexiones sobre los gatos

Hace muy poco tiempo, leí un refrán que decía que dos personas al conocerse, se relajaban automáticamente cuando se enteraban de que ambas tenían gatos. ¿Por qué será eso?. ¿A caso hay una personalidad implícitamente armoniosa entre las personas amantes de los gatos?. ¿Ocurre igual con otros animales?. ¿Qué tienen los felinos que no tienen otros seres vivos?.

La respuesta es: No lo sé. O quizás... Sí lo sé, pero de esa misma manera en la que se sabe cuándo va a llover, pero uno no es capaz de explicarlo con la ciencia en una mano y las palabras adecuadas en la otra. Simplemente, es un sentimiento que se "comparte", que "sintoniza" con un colectivo y que es parte del misterio de por qué ellos son los que te eligen a ti como "dueño", en lugar de tu a ellos.

Sí. Quizás sea esa una de las razones por las que me considero una persona que comprende a los gatos. Porque entiendo que una animal jamás debe de ser dominado, sino respetado. Que debe de tener espacio para desarrollar su personalidad y poder transmitir cómo es realmente, sin que nadie los subyugue bajo la pueril excusa de que "para eso somos la raza dominante y ellos son seres inferiores". Porque comprendo que la libertad está implícita en su ser, y querer "poseerlos" es como querer encerrar el viento en una jaula de papel.

¿Creéis realmente que un gato se siente inferior a la raza humana, por ejemplo?. Yo cuando observo a mi gata, Perla, me doy cuenta de que tiene un desarrollado sentido de la dignidad. Sabe cuándo se la ofende, y exige un trato respetuoso, como el que ella nos da a nosotros. ¿A caso no es eso un sentimiento de igualdad?. Y bien pensado, ¿por qué deberían ellos sentirse inferiores?, ¿por que son más pequeños tal vez?, ¿por que su vocabulario no es igual que el nuestro?...

Un gato es un animal imponente, a pesar de su pequeño tamaño. Es digno. Su mirada es penetrante e inteligente; sus andares son los de un cazador que sabe que ha ganado la batalla. Son fuertes y flexibles a la vez. Son honestos, pues no nos ofrecen su amistad si no somos merecedores de ella. Son limpios, ágiles como el mejor atleta humano o más, son fieles si has sabido llegar hasta su corazón y respetarlos por ser como son.

Pero qué dificil es eso cuando no se conoce a los gatos y se escucha tantas veces: "Me dan miedo los gatos", a lo cual yo pregunto "¿Pero has tenido uno alguna vez?", y me responden que NO.

Qué dificil es transmitir el rico mundo interior de este animal a las personas que no son sensibles a sus miradas, a sus guiños, a sus ladeos de cabeza, a sus mudos interrogatorios... que para mí tienen tanto sentido.

Cuando yo miro a Perla, la veo como es: la veo inteligente, pensando con intensidad tras sus ojos profundos como el mar en un día claro de verano; emocionalmente fuerte, incluso más que yo, pues la he visto enfrentarse a situaciones en las que yo en su lugar me habría dado la vuelta, y sin embargo ella se ha plantado sobre sus patas, con un porte magestuoso y la mirada alta, como lo haría un rey que tiene que demostrar a sus súbditos el por qué vale la pena luchar.
Es también fuerte, musculosa, bien formada, formidable incluso cuando está inmóvil. Sus actos son para escribir varias páginas ensalzándola, al igual que su cariño, su amor por los que la quieren.

Un gato no es un ser interesado, como se piensa, sino todo lo contrario. De hecho, no se le puede comprar. Tomará lo que quiera, cuando quiera y del modo que quiera. No lo sobornarás con comida, ni con un par de caricias, si él detecta que no eres de fiar. Tendrás que ganártelo siendo franco con él, avanzando paso a paso, entrando en una dinámica diferente de la que se practica entre los seres humanos, pues no responde a la hipocresía ni a las falsedades, ni tienen que demostrar nada a nadie. Ellos no necesitan entrar en esos juegos inventados por los hombres.

Pero cuando has sido sincero con ellos, les has dado su espacio, jamás les has dañado aprovechándote de su menor tamaño, les has querido de verdad, los has atendido cuando te han necesitado, y has sabido mirar a sus ojos sin recelos, miedo o maldad... has abierto las puertas a un mundo distinto, a un mundo misterioso, a un mundo felino rico en sus enseñanzas, donde tu mismo creces como persona y das gracias por que el destino ha querido ponerlos en tu camino.

Compartir la vida con un gato, es más que darle de comer en un cuenco todas las mañanas, y cambiarle el agua y la arena. Si piensas que es un fastidio cambiarle el agua porque el animal no quiere beber SOLO porque tiene una pelusa en el agua.. es que todavía no has comprendido a tu compañero peludo. Cambiar su agua, ponerle comida nueva, limpiar su arena, no es más que demostrar respeto por su bienestar, y preocupación por que él se sienta feliz y atendido. Es cariño, es hacerle sentir que no vas a dejar que beba de un agua que lleva estancada una semana, porque te preocupa que pueda coger alguna bacteria. Ese mismo animal que luego se acerca a tu lado por las tardes y te da una cabezada en tu hombro. Lo haces porque sientes que le devuelves el mismo amor que él te ofrece sinceramente cuando siente que estás mal y se pregunta qué te ocurre. Porque cuando caes enfermo no se mueve de los pies de tu cama, y si lo hace, es para seguirte a donde vayas. Lo haces porque cuando te dice "miau", está exactamente donde quiere estar, hablando a su manera contigo, e intentando hacerse comprender por estos seres tan torpes y a menudo, tan toscos, como somos nosotros. Lo haces porque al igual que para ti, aprender a estar a tu lado y acostumbrarse a ti, le requiere un esfuerzo y mucho amor.

El gato es también un animal elegante: lo observas moverse y no puedes más que deleitarte en cómo todos sus movimientos son fluídos, silenciosos, precisos. Cada paso está medido, cada salto es perfecto y equilibrado. Cada músculo se tensa y se destensa justo cuando ha de hacerlo, como los músculos de un gimnasta profesional. Cada torsión es flexible, cada acto está justificado.

Por todo esto, el gato es un animal admirable y por otras muchas cosas más. Jamás hay que pegarle o maltratarle. Para ellos el maltrato también va más allá de las lesiones físicas. Y si lo haces, no pretendas que vuelva a tu lado, pues habrás perdido su respeto y no te ofrecerá de nuevo la confianza hasta que él crea que te la mereces. Si no haces méritos, jamás la recuperarás. Y eso es admirable, igualmente, pues demuestra que es un ser auténtico. Un ser que no tiene nada que perder si no mereces la pena y te enseña con su correcto comportamiento lecciones que nosotros ni siquiera tenemos aprendidas. El honor será un pilar fundamental de vuestra relación.

Cuando aprendas a ser un ser íntegro, altruísta, sensible a todo lo vivo, respetuoso por lo que no entiendes, y en todo lo que hagas haya amor, podrás empezar a plantearte el "tener" un gato en tu casa, y ser merecedor de él. E incluso así, simpre seguirás aprendiendo de ellos, como yo, pues siempre te sorprenderá su gran corazón, su inteligencia y su mundo lleno de magia.

domingo, 16 de septiembre de 2007

Un video muy divertido de Perla

Aquí abajo os cuelgo un enlace a un video muy divertido de Perla. Lo hemos hecho este domingo y nos ha llevado unas cuantas horas montarlo todo, y sincronizar a Perla con la música. Pero creemos que ha valido la pena, porque ha quedado precioso.

¡Que os divirtáis!

(La música es bastante pegadiza, y os aconsejo que veáis el video hasta el final, porque es a partir del minuto y pico cuando hemos hilado más fino el tema de la sincronización. No os arrepentiréis de ver esos 4 minutos). ;-)))

Video de Perla

Video de Linda

Aquí os pongo el enlace de un video que hemos montado Tharem y yo, de nuestra gatita Linda, que nos dejó hace muy pocos días. Es un video cortito, pero se puede apreciar en él, lo cariñosa que era esta especial gatita de angora.

http://www.youtube.com/v/t4CQXlaSXx4

Una camita nueva para Arwen y Perla


Este fin de semana, Tharem y yo hemos ido de compras, para añadir más comodidades a las pertenencias de Perla y nuestra futura gatita, Arwen.

Esta "super camita", la hemos montado pensando en que en pocos meses, Arwen será una gatita de un tamaño respetable y necesitará un lugar donde retozar con Perla, en el que no se le salgan las patitas o la cabeza mientras juegan.


Perla le ha dado el visto bueno, e incluso nos ha pedido jugar en ella para inaugurarla. Parece que le ha gustado, porque desde que se la hemos puesto al lado del rascador, la ha aceptado como colchón y no sale de ahí, excepto para pedirnos que la acompañemos a comer.


Vale, a la hora de jugar también salta fuera, para luego volverse a meter y agazaparse para acechar la cuerda. Es uno de sus juegos preferidos. ¡Hay que probar todas las utilidades que tendrá la cama!.


Pero Perla..., recuerda que esta camita no es sólo para ti, ¿eh?.
Sí, sí. No me mires con esa carita y hazle un huequito a Arwen cuando venga.

(Qué estará pensando ella... )



sábado, 15 de septiembre de 2007

¡¡ Arrorró !!



Me han parecido tan graciosas estas fotos de Perla durmiendo enrroscadíta, que valía la pena subirlas a la página para que las vierais. ;-)))

¡¡ A mí me recuerdan al Ying y el Yang !!

Los 5 minutos de Perla


Perla vive un 50% de su tiempo, durmiendo o jugando en nuestra cama. A última hora del día, nuestra siamesa se acomoda a los pies de la cama y se queda quietecita a pesar de todos los movimientos y giros que damos por la noche. Casi siempre elige mi lado de la cama -será porque soy más pequeñita y así se asegura de que tendrá más espacio -, y cuando llega la mañana, está atenta incluso al aleteo de la más insignificante mosca.

Cerca de las 8, más o menos la hora a la que se levanta Tharem para ir al trabajo, Perla sabe que va a sonar el despertador. En realidad el despertador es el mismo móvil de Tharem, que lo tiene programado para que le suene unos minutos antes, con una música bastante más agradable que los timbrazos a los que nos tienen acostumbrados los despertadores tradicionales.

Perla se sienta en la cama y mira fijamente en nuestra dirección. Yo, aunque sigo en 7 sueños, porque no me tengo que levantar hasta media hora más tarde, voy sintiendo los movimientos que hay a mi alrededor. Nuestra querida siamesa, empieza a preguntarse si Tharem se ha quedado dormido, y no queriendo que su amo llegue tarde al trabajo, da unos cuantos pasos en dirección a la almohada, entre Tharem y yo.

Perla camina muy despacito, como lo haría una pantera que está acechando una presa, y se dirige hacia la cara de Tharem. El, se hace el dormido, aunque se ha dado perfecta cuenta de que va a sonar el despertador, y de que este es "el momento de Perla". Ella acerca muy despacito su carita bigotuda a uno de los ojos cerrados de Tharem y le da un besito muy pequeñito, casi temiendo sobresaltarlo.

Tharem se ríe, y alargando una mano por encima de las sábanas, acaricia la cabecita y el lomo de Perla. Casi todas las mañanas oigo cómo Tharem le habla, le da mimos y besitos. Cuando yo misma abro los ojos (¡qué remedio!), ¿qué os creéis que me encuentro?, ¿la cara de mi marido?. ¡Nooooo!, ¡me encuentro con Perla a dos centímetros de mi cara también!. :-))))

Perla se las ingenia para echarse con la mitad de su cuerpo superior en la almohada, entre nosotros dos. La otra mitad está desparramada en la cama, mientras mueve muy suavemente la puntita del rabo.

Casi siempre, Tharem y yo hacemos bromas sobre este curioso modo de despertarnos, ya que mis primeras palabras suelen ser: "¿Marido, estás por ahí detrás de Perla?". A lo que no tenemos más que reírnos un rato, para que Perla sepa que ya tiene la atención de los dos.

Llegados a este punto, yo ya estoy despierta y el despertador está a punto de sonar. Perla ronronea y se deja acariciar por los dos a la vez (debe de ser un momento del día muy feliz para ella, porque se la ve completamente relajada, a gusto y destilando amor por todos su poros).

Perla tiene sus 5 minutitos de gloria, y se levanta y pasea en ese escaso medio metro de almohada que tiene, yendo de uno a otro dando besos, cabezadas y cosquillas con sus bigotitos blancos. De vez en cuando vuelve a echarse, sin importarle que debajo hubiera un brazo, una mano... etc. Ella sabe que es una más de la "manada" y que se le permite incluso que nos pisotee el pelo en sus idas y venidas, porque lo máximo que le vamos a hacer es ponerle las patas en otro sitio, con todo el mimo que ella está acostumbrada a recibir.

Pero todo lo bueno tiene un final, y entonces suena el despertador (el móvil). Tharem se levanta... y ¡Perla sale rauda detrás de él!. (¡So vendidaaaaaa!).

Sí, esos 5 minutos tienen prórroga, y Perla sabe que hasta que no salgamos los dos por la puerta para ir a trabajar, no está todo perdido: sigue a Tharem en sus rutinas matinales y justo cuando viene él a despedirse de mí, Perla vuelve a echarse a mi lado para no moverse hasta que yo me levanto. (Ahora es cuando yo tendría que darle un pellizco. je,je,je).

Perla nos tiene "las costumbres" tan bien cogidas que ella misma ha desarrolado unas propias. Cuando yo salgo de casa, se queda hecha un ovillito en la cama y es así como nos la encontramos la mayoría de las veces al regreso: Amodorrada, feliz de la vida, y con energía para volver a perseguirnos por la casa, en cuanto tiene la menor oportunidad. :-)))

(¿Cómo serán nuestros despertares cuando Arwen se sume a la ecuación?) ;-)))

viernes, 14 de septiembre de 2007

Toda una familia

Bien, pues aquí tenéis unas cuantas fotografías de los gatitos de mi hermano. Me parece que por aquel entonces todavía no tenían ni a Sarry, ni a Sarita. Así que voy a nombrar los animalitos que aparecen en las fotos, de izquierda a derecha.

A la izquierda tenéis a Petric, ya crecidito y más guapo que nunca. Toda una pantera, de suave pelaje y más dócil que un ragdoll. En el centro, sobre las piernas de mi cuñada, tenéis a "café con leche". Lo llamaron así por los colores que tenía. ¡La verdad es que es un nombre simático!. :-p
A la derecha del todo tenéis a "la abuela". La llamaron de esta manera porque era una gatita de la calle, muy mayor, que sólo quería mimitos y estar calentita en una casa.


Pero digo yo.... ¿qué más podéis ver en estas fotos?. ¡Pero si es un perrito!.

Ummmm... corrijo, es una perrita.

Y si la miráis bien, ¿no os suena de nada?.

Anda, repasad las historias de nuestros gatitos y la veréis sentada al lado de Michú. :-)))

¡Sí, es Yenny, pero con unos 12 o 13 años más!

Le encantaba estar en medio de todo el tinglado y jugar con los gatos. Este perrita tan cariñosa, adoraba a mi hermano y mi cuñada, por eso ellos se la llevaban muchas veces a su casa; para que jugaran con los gatitos e hiciera un poco de ejercicio en el jardín de la urbanización.

(Aunque este blog es de gatitos, un día le tengo que hacer una historia a Yenny. ¡Se la merece como la que más!).


Un besito, Yenny. También te he querido mucho.

Sarry

Aquí podéis ver a Sarry, otro gatito que se encontró mi hermano en la calle y que acogió en su casa.


Por aquel entonces tenía ya a Petric, aquel gatito negro, de la misma camada que mi gatita Wendy.


Aunque ambos se conocieron siendo ya adultos, no tuvieron problemas para adaptarse. Jugaban juntos y verlos corretear y acicalarse mutuamente era una delicia.

(También le tengo que tirar de las orejas a mi hermano y mi cuñada, para que me den más fotos y me cuenten sus historias).

Sarita, una gatita muy tierna


Sarita, era una gatita gris y crema que mi hermano y mi cuñada recogieron de la calle. Era preciosa: su carita era redondita, su pelaje suave, y su cuerpo redondeado.

Como todos nuestros gatitos, Sarita hizo de nuestra casa su patio de juegos. Se subía a las mesas para jugar con los centros de flores secas y se pegaba unas buenas carreras por los pasillos. Era una gatita muy movida y juguetona, como todo cachorro que se precie.

Aquí la podéis ver jugando con un platanito de plástico.
Este era el juguete preferido de Cristian.


Le gustaba jugar mucho en el cuarto de mi abuela, donde ella la rodeaba de peluches y la mimaba como a una reina.




También se subía al rascador y ocupaba el lugar más alto para dominar la situación, cuando estaba en la cocina. Mi madre la tenía tan mimada cuando mi hermano la traía a casa, que hasta le ponía el plato de comida delante para que no se tuviera que mover del sitio.

Como podéis ver en la foto, Sarita entró en nuestras vidas en 1999.


Con el tiempo, Sarita se fue haciendo una gatita adulta y los viajes en coche le iban gustando menos, así que mi hermano la iba dejando en casa cuando venía a vernos.

Sarita vivió con mi hermano y mi cuñada, además de con su propia madre gatuna. Tuvo mucha suerte porque ellos acogieron tanto a una como a la otra.

¡Seguro que tienen muchas historias que contarme sobre Sarita, para que yo os las pueda transmitir a vosotros!. De momento, disfrutad de sus fotografías. ;-)


martes, 11 de septiembre de 2007

¡Y esta es Arwen!









Estas son algunas fotos de nuestra nueva y preciosa gatita, Arwen.

Ella es una gatita de raza ragdoll, blue lynx mitted (portadora del color lila). (Si queréis saber su historia y por qué entrará en nuestra casa, leed "¿Por qué Arwen entrará en nuestras vidas?". Allí hemos explicado todo detalladamente).

Las fotos no están muy bien hechas, pero no tenemos otras de momento. Cuando la tengamos aquí, os pondremos más, donde se la pueda ver mejor. ;-)

¿Por qué Arwen entrará en nuestras vidas?

Arwen, ¿y quién es Arwen?.

Arwen es una gatita de la raza ragdoll, blue lynx mitted.

¿Por qué Arwen y no otro gatito?.

Esta es la historia que os voy a explicar ahora... ;-)))

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Durante mucho tiempo, en mi familia nos ha remordido la conciencia por no habernos quedado a Tommy y Ariel.

Estos dos gatitos eran hijos de la única camada que tuvo nuestra amada gatita, Perla, y nuestro lord, Cristian. Como Perla es siamesa y Cristian eran un gato persa azul, los cachorritos salieron preciosísimos: Tenían el mismo color de Perla, pero sus cuerpecitos eran de formas redondeadas, peluchitos de pelo semilargo. (Podéis ver sus fotos en: "La perfecta camada de Perla").

Os pondré una foto aquí de Ariel, de todas maneras, para que apreciéis su belleza.

¿No era para comérselo?


Mi madre se enamoró de estos dos gatitos. Por ser hijos de quienes eran, por el maravilloso carácter que heredaron, por sus bellos colores, por lo tiernecitos que eran.

Pero llegó el día en el que Ariel y Tommy partieron a la casa de nuestra familia más lejana, allá en Alemania. Nuestros parientes estaban encantados con ellos, y nos mandaban fotos de cómo iban creciendo. Pero quiso el destino, que tanto Ariel como Tommy perecieran siendo jóvenes, atropellados por los coches que entraban en la urbanización.

En mi familia, esta tragedia no se llegó a superar nunca...

Con el paso del tiempo, como es natural, los gatos de mi casa se fueron haciendo mayores y algunos tuvieron complicaciones de salud. Tal fue el caso de nuestro adorado Cristian, que tras lo que pensamos fue un "cáncer" en la garganta, que se acabó extendiendo a todo su cuerpo, nos dejó en tan sólo dos semanas.

Ha sido este año, cuando después de pensar en las veces que hemos recordado a Tommy, Ariel y Cristian, mi marido y yo nos hemos atrevido a pensar en la posibilidad de buscar un gatito como ellos, y que cumpliera unas condiciones específicas. (También teníamos la ilusión de que nuestra gatita Perla, de 15 años, tuviera compañía)

Queríamos que fuera como Cris, en el sentido de su color azul. Pero también queríamos que tuviera una distribución del color como la tenían Tommy y Ariel. Es decir, como los gatos siameses (Como Perla).

Una vez decididos, y sin decir nada a mi madre, me puse a buscar por internet razas de gatos o mezclas de siameses y persas. Enontré gatitos preciosos, pero el color era en todos los casos, el oscuro de los siameses (seal colorpoint).

Entonces comencé a buscar razas puras, a ver si alguna se parecía a lo que buscábamos y me encontré con las razas "ragdoll" y "Birmana". En ambas se combinaba la sangre siamesa y la persa o de angora, por lo menos en sus principios como raza. Y había gatitos seal (marrones), blue (azules), lilas y cremas. ¡Eso era lo que queríamos!.

Con la alegría de haber encontrado lo que no creíamos posible, me metí más a fondo en estas razas y me centré sobre todo en la ragdoll.

Dejándome llevar por lo que me iba encontrando, visité varias páginas de criadores... y allí estaban los gatitos más bonitos que había visto. Unos eran como Ariel y Tommy, otros eran más azules, otros casi blancos, y otros combinaban el blanco en sus patitas o cara, de distintas maneras.

Después de mucho indagar, resultó que había una criadora de ragdolls en mi misma ciudad, que nos ofreció visitarla para que viéramos de cerca cómo eran los ragdolls... y allí que nos plantamos un día mi marido y yo.

Esta mujer nos enseñó sus gatos uno por uno. (He de decir que son todos preciosísimos). Nos llamó mucho la atención un gato que se parecía mucho a Cristian, con los ojos como un lince, pero con la distribución de colores como un siamés. Es decir, que tenía los tonos azules más intensos en las patitas, carita, orejas y rabito. El cuerpo era más clarito, como ocurría en los siameses.

Os pongo unas foto de él para que lo veáis bien.

¿A que es impresionantemente guapo?

Le dijimos que queríamos un gatito igual que él, pero en ese momento no tenía ninguna camada.

Nos comentó que este gatito era un "blue lynx mitted", porque era de tono azul, tenía rayas en el cuerpo y los ojos muy marcados, y además tenía unos calcetincitos blancos en las patitas de delante y unas botitas blancas en las de atrás.

Nos buscó unos gatitos parecidos, pero sin ser lynx ni mitted, sólo blue colorpoint (sin blanco en patas o cara). Pero la madre no estaba en España y cuando tuvo los gatitos, sólo nacieron dos. Nosotros queríamos una hembra, para que se llevara bien con Perla y no fuera después un gato excesivamente grande.

No había ninguna gatita, ni blue colorpoint, ni blue lynx mitted...

Así es un gatito blue colorpoint

¿no es precioso también?

Estuvimos buscando una gatita con cualquiera de estos dos patrones de color durante meses, y fue en Julio cuando nació una camada del macho blue lynx mitted, cuya foto he puesto más arriba, y una gatita blue bicolor.

Os pongo una foto de la madre.

Parece una ardillita... je,je,je. ¡Qué guapa!.

Como la madre era bicolor y el padre mitted, los cachorros salieron como ellos. Ninguno salió blue colorpoint (sin nada de blanco en patas o cara). (Al principo era un colorpoint en azul lo que me hacía más ilusión encontrar).

Después de hablar con esta mujer, y de saber que había nacido una gatita como su padre, azul, lince, y con los calcetincitos blancos, nos reservó la gatita. (¡Por poco y no se va a vivir fuera de España, con otra criadora!).

Ahora ya estamos tranquilos, porque la pequeñaja estará con nosotros en dos semanas. Me encantará enseñaros algunas fotos suyas, que hice en la última visita, en la siguiente historia: "¡Y esta es Arwen!".

(Habríamos contado antes esta historia, pero acabamos de sufrir la inesperada pérdida de Linda, nuestra gata de angora y hemos estado con el ánimo ensombrecido estas dos últimas semanas).


lunes, 10 de septiembre de 2007

Perla, la mejor madre adoptiva

Perla ha sido una madre adoptiva excelente, en todas la ocasiones en las que ha tenido la oportunidad de demostrarlo.

Ella siempre se ha hecho cargo, con agrado, de todos los gatitos que han entrado en la casa. Tanto si eran suyos, como si no. Igual le daba que tuvieran una semana, que 2 meses. Perla, gatito que oía llorar, gatito que protegía y lavaba instantaneamente.

Hace unos años, cuando Perla ya era una gata bastante adulta, mi hermano y mi cuñada, recogieron a una gatita siamesa llamada Wendy. Sí, le pusieron el mismo nombre que aquella que se nos cayó por la terraza, mientras jugaba con su "primito" Aramis. (Para no confundirlas a ambas, llamaré a ésta, "Wendi" sin la "y").

Pues bien, Wendi, entró siendo muy pequeñita en la casa de mi hermano. Como siempre, nos reuníamos a comer juntos frecuentemente, así que mi hermano se traía a la gatita para que jugara con Perla y todos los demás gatitos.


Wendi y Perla hicieron muy buenas migas, y se puede decir que Perla la crió. Nuestra "Madraza" por excelencia, no tuvo ningún inconveniente en cuidar de Wendi como si fuera uno de sus cachorros. Esta pequeñita era una gatita muy dulce, juguetona y que aceptaba de buen grado el cariño que Perla le proporcionaba a raudales.

Aquí podéis ver una foto de ambas, con Wendi un poquito más crecida.
Se puede notar la complicidad que había entre ellas.


Y aquí la tenéis, jugando en la cestita.


Por aquel entonces, mi hermano, se encontró otro gatito en la calle, al que también le dio casa y llamó "Ranito".

(Sí. Parece que es tradición en nuestra familia los gatitos con el nombre de "ranito". Si no hago las cuentas mal, este ya era el tercero).

Ranito y wendy también se llevaban muy bien. Los dos eran muy jóvenes y no tuvieron ningún problema de adaptación.


Y para variar, Perla también adoptó a Ranito. ¿Podéis ver cómo el chiquitín abraza a Perla?


¡¡Ranito, que le estás tirando de los bigotes a tu madre!!


Desde luego, no podemos quitarle el mérito ni dejar de reconocer, que esta entrañable gata siamesa, es una madre adoptiva estupenda.

(Dentro de unas semanas, entrará en nuestra casa, Arwen: Una gatita de raza ragdoll. Esperamos que Perla no sea tan mayor como para que la entrada de Arwen sea traumática. Hay que tener en cuenta, que Perla cuenta actualmente con 15 años, y aunque le sigue encantando jugar, es una gata muy moderada, de costumbres fijas y con toda la atención para ella sola).


Cristian y su "cruce de patas"

Seguramente, los que tenéis gatos en casa, sabréis de lo que os voy a hablar.

Se trata de posturas muy típicas y propias de la personalidad de vuestros gatos; Poses que suelen realizar con frecuencia y que los caracterizan de una determinada manera frente a los otros.

En este caso, me gustaría enseñaros una pose que solía realizar muy a menudo Cristian. Era algo así como un cruce de patas al estilo "lo llamaban Trinidad". Quiero decir, que más cómodo no podía estar el animalito.

Esta era su postura preferida cuando estaba echado.



¡¡Que gran personaje, era este Cris!!

Ningún otro gato de los nuestros, lo vimos con semejante postura y, además, practicarla con tanta asiduidad.

También solía sentarse y mirarte muy descaradamente. Los ojos muy abiertos, y una expresión entre curiosa y atrevida.


Unas últimas fotos de él, para despedirnos de este maravilloso gran persa azul.




Y aún hay otro gesto que era muy típico de él, pero del que desgraciadamente no guardo ninguna fotografía.

Cris solía levantar uno de sus labios -siempre el mismo-, echando a un lado sus bigotes para enseñarnos el colmillo. Ese colmillito en cuestión, tenía la punta rota y creo que le molestaba. Por eso, de vez en cuando, " se lo acomodaba" de esta manera tan curiosa.

¿Alguien de vosotros ha tenido algún gatito que cruzara las patitas como él?


Perla, una gata universitaria

Sí, es lo que hemos dicho siempre mi madre y yo, porque Perla es una gata que ha estudiado mis libros tanto como yo. Claro que... a su manera.

Durante los años en los que estudié a distancia mi carrera universitaria de Psicología, Perla siempre estuvo a mi lado. Si yo estudiaba sentada en la cama, ella buscaba un huequito entre mis piernas para acomodarse y quedarse quietecita mientras me oía pasar las páginas. Había veces en las que se me dormían las piernas, de la cantidad de tiempo que se pasaba sobre mí, sin moverse.

Como todo estudiante, tenía papeles desperdigados encima de la mesa de mi escritorio. Y Perla, alternaba entre estar en la cama, sobre mis piernas, o echarse encima de la mesa cuando entraba algún rayito de sol. Si había algún libro abierto sobre la mesa en ese momento, tanto mejor para ella.


Tampoco se lo pensaba si la mesa estaba libre. Sus posturas eran de lo más increíbles.



Y si hay algo que le gusta a un gato, es meterse dentro de los armarios abiertos... y cajones.

Perla, ha tenido desde pequeña, una personalidad muy gatuna en ese aspecto. Y entre las cosas que más le gustaba hacer, era meterse dentro de ellos en cuanto tenía la menor oportunidad. A parte de su tendencia, más que comprensible, ella sabía que se me caía la baba cuando hacía eso.



¡Bueno... todavía sigue metiéndose en nuestro armario, si nos lo olvidamos abierto!

Perla es, mayormente, una gata muy cariñosa que te hace una enorme compañía.

El alma de un gato especial




Todo buen Lord que se precie, debe de ser un romántico...

...y Cristian lo era.

Así fue como nos lo encontramos un día mi familia y yo, en la terraza.

Cris miraba directamente la puesta de sol anaranjada, con ojos profundos e intensos. No movía ni un músculo y parecía sumido en sus propios pensamientos.

La tarde era cálida y el sol se estaba ocultando entre nubes rosadas por el oeste. El cielo era un espectáculo que Cristian no quiso perderse.

Su quietud reflejaban la paz que sentía en ese momento y sus ojos verdes, los últimos rayos que incidían en su cuerpo.

En esta foto, más que en ninguna otra, se puede llegar al alma de este gato tan especial.

Thais... ¿siempre fue blanca?


La respuesta es "No".

Hoy estoy aquí para contaros una historia sobre Thais, que nos ocurrió hace unos años, y en la que dejó momentaneamente de ser blanca. ( Ella y algunos más...)

Era una tarde de verano. Yo me encontraba estudiando en mi habitación, con las piernas cruzadas y encima de la cama. Llevaba varias horas con el libro delante y me estaba comenzando a cansar. Necesitaba levantarme y estirar las piernas... y de paso mirar si había algo por la cocina que se me antojara para merendar.

Pensando en ello estaba, cuando noté un olor extraño. No me lenvaté inmadiatamente, sino que me quedé como los animalillos: olisqueando el aire, inclinando la cabeza y agudizando aún más mis sentidos por si así me resultaba más fácil identificar ese olor.

Era un olor sutil, casi imperceptible, pero a la vez, intenso. Sin saber por qué me produjo un cosquilleo por la espalda y me levanté con sensación de urgencia y peligro.

Mi casa estaba en silencio. Sólo nos encontrábamos en ella mi abuela y yo. Y ella estaba, igualmente, en su habitación, adormilada y viendo la tele.

Me acerqué a la puerta de la cocina, que estaba abierta y entré en ella muy despacio, casi de puntillas, con verdadera sensación de miedo. El olor era allí más fuerte, más acre, más desagradable... pero seguía pareciéndome extraño e inquietante.

La cocina estaba silenciosa. No se movía un alma, excepto yo. Miré los fogones, estaban apagados. Caminé un poco más y me acerqué a la zona del lavadero. Conforme daba cada paso, el olor se intensificaba, el ruido se convertía en un crepitar que erizaba el vello.

Los últimos pasos fueron rápidos y la visión que allí tuve, me dejó primero conmocionada y luego aterida de pánico.

¡¡El lavadero estaba ardiendo!!

Una de las paredes donde mi abuela solía poner velas para rezar a los santos, estaba literalmente en llamas. El fuego había lamido con paciencia las estanterías de madera y había derretido las velas, y el plástico. Los azulejos estaban casi negros y el humo subía hacia el techo convitiéndose en una columna de humo horizontal.

El humo... ¡Dios!. Seguí su rastro con la mirada y me quedé petrificada. Había ido saliendo muy poquito a poco del lavadero y se había introducido ladinamente en la cocina. Sobre mi cabeza, medio metro de humo negro y espeso seguía moviéndose en dirección a las habitaciones y el salón.

Cuando salí de la conmoción, apreté a correr hacia la habitación de mi abuela gritando. La pobre se pegó un buen susto, porque estaba dormida, y le dije que se levantara a ayudarme, que había fuego en el lavadero.

Me dirigí al fregadero a toda velocidad, cogí un olla y la empecé a llenar de agua. Mientras tanto mi abuela llegó a mi lado e hizo tres cuartos de los mismo con otra olla o cubo. Thais, que había estado durmiendo en su cestita con mi abuela en la habitación, nos siguió con los ojos muy abiertos y estuvo a nuestros pies mirando lo que hacíamos. Entonces, ocurrió lo inesperado (¡o yo no me lo esperaba!).

Al comenzar a echar agua al fuego, el humo se intensificó y se arremolinó a nuestro alrededor. La columna de humo que estaba sobre nuestras cabezas, bajó a peso de plomo y nos bañó en cenizas. No veíamos nada, y ambas estábamos frenéticas y con el corazón palpitando muy rápido mientras echábamos más y más agua a los rescoldos.

Cuando ya vimos que lo peor había pasado, llamé por teléfono a mi madre y a mis hermanos. Uno de ellos estaba cerca y llegó antes que ella. La siguiente que os cuento son las palabras que mi cuñada nos describió.

Nosotras no nos habíamos parado a mirarnos, pero mi cuñada lo primero que vio al entrar en la casa, fue... a nosotras.

Las dos estámos llenitas de ceniza; las ropas negras, la cara tiznada de ceniza y marcada de dedos al habernos intentado quitar el sudor de los ojos y la suciedad. Los brazos igualmente manchados de hollín, los agujeros de la nariz, las orejas... todo...¡¡¡ Negro!!!.

Y Linda a nuestros pies, sin saber qué estaba pasando.

Pero entonces, mi cuñada se dio cuenta de que no era linda, esa gata negra que la miraba con ojos muy abiertos!. Era un gato extraño.. como Linda, pero con menos pelo, la cara más pequeña... sus movimientos distintos... un color más claro bajo ese aparente color negruzco.

¡¡Pero si era Thais, nuestra gatita blanca !!

Y ahí se acabó el drama porque entonces mi cuñada no pudo contenerse y se echó a reír con todas sus ganas. Mi abuela y yo, de la tensión que habíamos pasado, nos pusimos a reír también, con una risa nerviosa y no dejábamos de sacudirnos la ropa y de paso... sacudir el pelaje de Thais, que había quedado como una croquetita requemada.

Y así estábamos cuando llegó mi madre y nos vió a todos. Mi hermano y mi cuñada, muy limpitos y enjuagándose las lágrimas, nosotras tres para echarnos una foto; La cocina, los muebles blancos, el suelo, el techo... todo negro y sucio.

Podía haber sido todo mucho peor, pero afortunadamente todo quedó en un susto y en una anécdota que nos hemos contado en muchas ocasiones, rememorando el pasado.

Thais ya puede decir, que hubo un día en el que fue práticamente negra, y la causante de nuestras carcajadas.




sábado, 8 de septiembre de 2007

Erase una vez...

¿Por qué me gustan tanto los animales?

Se lo debo todo a mi familia, que desde que fui pequeñita ellos me rodearon de animales a los que aprendí a dar cariño y también a recibirlo.

¿Por qué me gustan tanto los gatos?

Bueno, también me gustan mucho los perros, y me apasionan los caballos, pero los gatos se adecúan bastante bien a mi forma de ser; Ya que yo soy tranquila, reflexiva, a mi modo independiente, muy cariñosa y muy curiosa, me he sentido muy identificada con estos hermosos felinos.

Todo comenzó cuando mi madre me regaló un gatito siamés. Yo cumplía 5 años. Me hicieron la típica tarta de cumpleaños, me pusieron la mesa llena de galletas y bocadillitos para mis compañeros, pero lo que a mí me volvió loca no fue ni la fiesta, ni el banquete... sino el gatito que pusieron en mis brazos.

Lo llamamos, Michú.



Aquí podéis verme, con Michú en brazos y mi primo abrazándome.

Michú fue para mí, mi compañero de juegos; el que me esperaba en la puerta de mi casa a la salida del cole; el que dormía a los pies de mi cama; el que se dejaba hacer de todo por lo buenazo que era. En definitiva, era mi sombra. Crecí con él y aprendí mucho de su paciencia, de sus miradas largas y profundas, de todo lo que quería decirme y yo podía comprenderlo sólo mirándolo a los ojos. De sus gestos, de sus maullidos, de sus costumbres...



Michú era un animalito silencioso, que se dejaba coger por todo el mundo sin sacar las uñas. Como a Perla, también le gustaban los rayos del sol, su piel era suavita y sedosa. Aquí podéis ver a mi madre sosteniéndolo en brazos. (Gracias, mami, por el corazón tan grande que tienes).

¿Qué más os puedo decir de Michú?. Que el nombre se lo puso mi abuela por un cantante famoso, Machín. Y que era un santo, porque de vez en cuando se me ocurría vestirlo para sacarle fotos. Aquí tenéis algunas, de papá Noel. (No me crucifiquéis mucho, porque era una pequeñaja todavía y aunque ahora me parece un poco indigno de cara al animalito, entonces no le veía el lado extravagante al asunto. )







Otros fotos más "dignas" son estás:





No sé si se ve bien en la última foto, pero Michú tenía el rabo cortito. Desde que mi madre lo trajo, lo tenía así. Quizás nació con esta mutación, o tuvo algún accidente, pero él hacía vida normal sin problemas por ello.

Lo que le traía más por la calle de la amargura, era nuestra perrita "Yenny". También vino más o menos en la misma época a casa, y era una perrita de aguas preciosa. Eso sí, algo nerviosa, muy muy tragona, y vivaracha. Michú y ella se llevaban bien, pero como buen gato que era Michú, "pasaba" de ella la mayoría del tiempo. O sea, la "toleraba".

Aquí tenéis las fotos de ellos dos juntos:



Al dato, la cara de mi gato!!. Si es que una mirado lo dice todo....



Michú tenía una manchita blanca en el cuello, como podéis ver, y tenía una estrellita blanca también, un poco más abajo, en la barriguita. Era más robusto corporalmente que Perla, más oscuro de pelaje y menos largo que ella de proporciones.

Michú nos dejó cuando él tenía unos 10 años aproximadamente, por una complicación en el tracto urinario. No podía hacer pipí. Lo llevamos al veterinario y lo "vaciaron" con jeringuilla varias veces, pero no consiguieron que funcionara su cuerpo con normalidad por él mismo. Desgraciadamente, mis padres tuvieron que dormirlo.

Estuvimos durante un tiempo sin gatitos, sólo con Yenny en casa, pero como dicen, "la cabra tira pal monte" y llegó el día en el que "Wendy" llenó otro cachito de nuestro corazón.

Pero esa es otra historia...