martes, 11 de septiembre de 2007

¡Y esta es Arwen!









Estas son algunas fotos de nuestra nueva y preciosa gatita, Arwen.

Ella es una gatita de raza ragdoll, blue lynx mitted (portadora del color lila). (Si queréis saber su historia y por qué entrará en nuestra casa, leed "¿Por qué Arwen entrará en nuestras vidas?". Allí hemos explicado todo detalladamente).

Las fotos no están muy bien hechas, pero no tenemos otras de momento. Cuando la tengamos aquí, os pondremos más, donde se la pueda ver mejor. ;-)

¿Por qué Arwen entrará en nuestras vidas?

Arwen, ¿y quién es Arwen?.

Arwen es una gatita de la raza ragdoll, blue lynx mitted.

¿Por qué Arwen y no otro gatito?.

Esta es la historia que os voy a explicar ahora... ;-)))

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Durante mucho tiempo, en mi familia nos ha remordido la conciencia por no habernos quedado a Tommy y Ariel.

Estos dos gatitos eran hijos de la única camada que tuvo nuestra amada gatita, Perla, y nuestro lord, Cristian. Como Perla es siamesa y Cristian eran un gato persa azul, los cachorritos salieron preciosísimos: Tenían el mismo color de Perla, pero sus cuerpecitos eran de formas redondeadas, peluchitos de pelo semilargo. (Podéis ver sus fotos en: "La perfecta camada de Perla").

Os pondré una foto aquí de Ariel, de todas maneras, para que apreciéis su belleza.

¿No era para comérselo?


Mi madre se enamoró de estos dos gatitos. Por ser hijos de quienes eran, por el maravilloso carácter que heredaron, por sus bellos colores, por lo tiernecitos que eran.

Pero llegó el día en el que Ariel y Tommy partieron a la casa de nuestra familia más lejana, allá en Alemania. Nuestros parientes estaban encantados con ellos, y nos mandaban fotos de cómo iban creciendo. Pero quiso el destino, que tanto Ariel como Tommy perecieran siendo jóvenes, atropellados por los coches que entraban en la urbanización.

En mi familia, esta tragedia no se llegó a superar nunca...

Con el paso del tiempo, como es natural, los gatos de mi casa se fueron haciendo mayores y algunos tuvieron complicaciones de salud. Tal fue el caso de nuestro adorado Cristian, que tras lo que pensamos fue un "cáncer" en la garganta, que se acabó extendiendo a todo su cuerpo, nos dejó en tan sólo dos semanas.

Ha sido este año, cuando después de pensar en las veces que hemos recordado a Tommy, Ariel y Cristian, mi marido y yo nos hemos atrevido a pensar en la posibilidad de buscar un gatito como ellos, y que cumpliera unas condiciones específicas. (También teníamos la ilusión de que nuestra gatita Perla, de 15 años, tuviera compañía)

Queríamos que fuera como Cris, en el sentido de su color azul. Pero también queríamos que tuviera una distribución del color como la tenían Tommy y Ariel. Es decir, como los gatos siameses (Como Perla).

Una vez decididos, y sin decir nada a mi madre, me puse a buscar por internet razas de gatos o mezclas de siameses y persas. Enontré gatitos preciosos, pero el color era en todos los casos, el oscuro de los siameses (seal colorpoint).

Entonces comencé a buscar razas puras, a ver si alguna se parecía a lo que buscábamos y me encontré con las razas "ragdoll" y "Birmana". En ambas se combinaba la sangre siamesa y la persa o de angora, por lo menos en sus principios como raza. Y había gatitos seal (marrones), blue (azules), lilas y cremas. ¡Eso era lo que queríamos!.

Con la alegría de haber encontrado lo que no creíamos posible, me metí más a fondo en estas razas y me centré sobre todo en la ragdoll.

Dejándome llevar por lo que me iba encontrando, visité varias páginas de criadores... y allí estaban los gatitos más bonitos que había visto. Unos eran como Ariel y Tommy, otros eran más azules, otros casi blancos, y otros combinaban el blanco en sus patitas o cara, de distintas maneras.

Después de mucho indagar, resultó que había una criadora de ragdolls en mi misma ciudad, que nos ofreció visitarla para que viéramos de cerca cómo eran los ragdolls... y allí que nos plantamos un día mi marido y yo.

Esta mujer nos enseñó sus gatos uno por uno. (He de decir que son todos preciosísimos). Nos llamó mucho la atención un gato que se parecía mucho a Cristian, con los ojos como un lince, pero con la distribución de colores como un siamés. Es decir, que tenía los tonos azules más intensos en las patitas, carita, orejas y rabito. El cuerpo era más clarito, como ocurría en los siameses.

Os pongo unas foto de él para que lo veáis bien.

¿A que es impresionantemente guapo?

Le dijimos que queríamos un gatito igual que él, pero en ese momento no tenía ninguna camada.

Nos comentó que este gatito era un "blue lynx mitted", porque era de tono azul, tenía rayas en el cuerpo y los ojos muy marcados, y además tenía unos calcetincitos blancos en las patitas de delante y unas botitas blancas en las de atrás.

Nos buscó unos gatitos parecidos, pero sin ser lynx ni mitted, sólo blue colorpoint (sin blanco en patas o cara). Pero la madre no estaba en España y cuando tuvo los gatitos, sólo nacieron dos. Nosotros queríamos una hembra, para que se llevara bien con Perla y no fuera después un gato excesivamente grande.

No había ninguna gatita, ni blue colorpoint, ni blue lynx mitted...

Así es un gatito blue colorpoint

¿no es precioso también?

Estuvimos buscando una gatita con cualquiera de estos dos patrones de color durante meses, y fue en Julio cuando nació una camada del macho blue lynx mitted, cuya foto he puesto más arriba, y una gatita blue bicolor.

Os pongo una foto de la madre.

Parece una ardillita... je,je,je. ¡Qué guapa!.

Como la madre era bicolor y el padre mitted, los cachorros salieron como ellos. Ninguno salió blue colorpoint (sin nada de blanco en patas o cara). (Al principo era un colorpoint en azul lo que me hacía más ilusión encontrar).

Después de hablar con esta mujer, y de saber que había nacido una gatita como su padre, azul, lince, y con los calcetincitos blancos, nos reservó la gatita. (¡Por poco y no se va a vivir fuera de España, con otra criadora!).

Ahora ya estamos tranquilos, porque la pequeñaja estará con nosotros en dos semanas. Me encantará enseñaros algunas fotos suyas, que hice en la última visita, en la siguiente historia: "¡Y esta es Arwen!".

(Habríamos contado antes esta historia, pero acabamos de sufrir la inesperada pérdida de Linda, nuestra gata de angora y hemos estado con el ánimo ensombrecido estas dos últimas semanas).


lunes, 10 de septiembre de 2007

Perla, la mejor madre adoptiva

Perla ha sido una madre adoptiva excelente, en todas la ocasiones en las que ha tenido la oportunidad de demostrarlo.

Ella siempre se ha hecho cargo, con agrado, de todos los gatitos que han entrado en la casa. Tanto si eran suyos, como si no. Igual le daba que tuvieran una semana, que 2 meses. Perla, gatito que oía llorar, gatito que protegía y lavaba instantaneamente.

Hace unos años, cuando Perla ya era una gata bastante adulta, mi hermano y mi cuñada, recogieron a una gatita siamesa llamada Wendy. Sí, le pusieron el mismo nombre que aquella que se nos cayó por la terraza, mientras jugaba con su "primito" Aramis. (Para no confundirlas a ambas, llamaré a ésta, "Wendi" sin la "y").

Pues bien, Wendi, entró siendo muy pequeñita en la casa de mi hermano. Como siempre, nos reuníamos a comer juntos frecuentemente, así que mi hermano se traía a la gatita para que jugara con Perla y todos los demás gatitos.


Wendi y Perla hicieron muy buenas migas, y se puede decir que Perla la crió. Nuestra "Madraza" por excelencia, no tuvo ningún inconveniente en cuidar de Wendi como si fuera uno de sus cachorros. Esta pequeñita era una gatita muy dulce, juguetona y que aceptaba de buen grado el cariño que Perla le proporcionaba a raudales.

Aquí podéis ver una foto de ambas, con Wendi un poquito más crecida.
Se puede notar la complicidad que había entre ellas.


Y aquí la tenéis, jugando en la cestita.


Por aquel entonces, mi hermano, se encontró otro gatito en la calle, al que también le dio casa y llamó "Ranito".

(Sí. Parece que es tradición en nuestra familia los gatitos con el nombre de "ranito". Si no hago las cuentas mal, este ya era el tercero).

Ranito y wendy también se llevaban muy bien. Los dos eran muy jóvenes y no tuvieron ningún problema de adaptación.


Y para variar, Perla también adoptó a Ranito. ¿Podéis ver cómo el chiquitín abraza a Perla?


¡¡Ranito, que le estás tirando de los bigotes a tu madre!!


Desde luego, no podemos quitarle el mérito ni dejar de reconocer, que esta entrañable gata siamesa, es una madre adoptiva estupenda.

(Dentro de unas semanas, entrará en nuestra casa, Arwen: Una gatita de raza ragdoll. Esperamos que Perla no sea tan mayor como para que la entrada de Arwen sea traumática. Hay que tener en cuenta, que Perla cuenta actualmente con 15 años, y aunque le sigue encantando jugar, es una gata muy moderada, de costumbres fijas y con toda la atención para ella sola).


Cristian y su "cruce de patas"

Seguramente, los que tenéis gatos en casa, sabréis de lo que os voy a hablar.

Se trata de posturas muy típicas y propias de la personalidad de vuestros gatos; Poses que suelen realizar con frecuencia y que los caracterizan de una determinada manera frente a los otros.

En este caso, me gustaría enseñaros una pose que solía realizar muy a menudo Cristian. Era algo así como un cruce de patas al estilo "lo llamaban Trinidad". Quiero decir, que más cómodo no podía estar el animalito.

Esta era su postura preferida cuando estaba echado.



¡¡Que gran personaje, era este Cris!!

Ningún otro gato de los nuestros, lo vimos con semejante postura y, además, practicarla con tanta asiduidad.

También solía sentarse y mirarte muy descaradamente. Los ojos muy abiertos, y una expresión entre curiosa y atrevida.


Unas últimas fotos de él, para despedirnos de este maravilloso gran persa azul.




Y aún hay otro gesto que era muy típico de él, pero del que desgraciadamente no guardo ninguna fotografía.

Cris solía levantar uno de sus labios -siempre el mismo-, echando a un lado sus bigotes para enseñarnos el colmillo. Ese colmillito en cuestión, tenía la punta rota y creo que le molestaba. Por eso, de vez en cuando, " se lo acomodaba" de esta manera tan curiosa.

¿Alguien de vosotros ha tenido algún gatito que cruzara las patitas como él?


Perla, una gata universitaria

Sí, es lo que hemos dicho siempre mi madre y yo, porque Perla es una gata que ha estudiado mis libros tanto como yo. Claro que... a su manera.

Durante los años en los que estudié a distancia mi carrera universitaria de Psicología, Perla siempre estuvo a mi lado. Si yo estudiaba sentada en la cama, ella buscaba un huequito entre mis piernas para acomodarse y quedarse quietecita mientras me oía pasar las páginas. Había veces en las que se me dormían las piernas, de la cantidad de tiempo que se pasaba sobre mí, sin moverse.

Como todo estudiante, tenía papeles desperdigados encima de la mesa de mi escritorio. Y Perla, alternaba entre estar en la cama, sobre mis piernas, o echarse encima de la mesa cuando entraba algún rayito de sol. Si había algún libro abierto sobre la mesa en ese momento, tanto mejor para ella.


Tampoco se lo pensaba si la mesa estaba libre. Sus posturas eran de lo más increíbles.



Y si hay algo que le gusta a un gato, es meterse dentro de los armarios abiertos... y cajones.

Perla, ha tenido desde pequeña, una personalidad muy gatuna en ese aspecto. Y entre las cosas que más le gustaba hacer, era meterse dentro de ellos en cuanto tenía la menor oportunidad. A parte de su tendencia, más que comprensible, ella sabía que se me caía la baba cuando hacía eso.



¡Bueno... todavía sigue metiéndose en nuestro armario, si nos lo olvidamos abierto!

Perla es, mayormente, una gata muy cariñosa que te hace una enorme compañía.

El alma de un gato especial




Todo buen Lord que se precie, debe de ser un romántico...

...y Cristian lo era.

Así fue como nos lo encontramos un día mi familia y yo, en la terraza.

Cris miraba directamente la puesta de sol anaranjada, con ojos profundos e intensos. No movía ni un músculo y parecía sumido en sus propios pensamientos.

La tarde era cálida y el sol se estaba ocultando entre nubes rosadas por el oeste. El cielo era un espectáculo que Cristian no quiso perderse.

Su quietud reflejaban la paz que sentía en ese momento y sus ojos verdes, los últimos rayos que incidían en su cuerpo.

En esta foto, más que en ninguna otra, se puede llegar al alma de este gato tan especial.

Thais... ¿siempre fue blanca?


La respuesta es "No".

Hoy estoy aquí para contaros una historia sobre Thais, que nos ocurrió hace unos años, y en la que dejó momentaneamente de ser blanca. ( Ella y algunos más...)

Era una tarde de verano. Yo me encontraba estudiando en mi habitación, con las piernas cruzadas y encima de la cama. Llevaba varias horas con el libro delante y me estaba comenzando a cansar. Necesitaba levantarme y estirar las piernas... y de paso mirar si había algo por la cocina que se me antojara para merendar.

Pensando en ello estaba, cuando noté un olor extraño. No me lenvaté inmadiatamente, sino que me quedé como los animalillos: olisqueando el aire, inclinando la cabeza y agudizando aún más mis sentidos por si así me resultaba más fácil identificar ese olor.

Era un olor sutil, casi imperceptible, pero a la vez, intenso. Sin saber por qué me produjo un cosquilleo por la espalda y me levanté con sensación de urgencia y peligro.

Mi casa estaba en silencio. Sólo nos encontrábamos en ella mi abuela y yo. Y ella estaba, igualmente, en su habitación, adormilada y viendo la tele.

Me acerqué a la puerta de la cocina, que estaba abierta y entré en ella muy despacio, casi de puntillas, con verdadera sensación de miedo. El olor era allí más fuerte, más acre, más desagradable... pero seguía pareciéndome extraño e inquietante.

La cocina estaba silenciosa. No se movía un alma, excepto yo. Miré los fogones, estaban apagados. Caminé un poco más y me acerqué a la zona del lavadero. Conforme daba cada paso, el olor se intensificaba, el ruido se convertía en un crepitar que erizaba el vello.

Los últimos pasos fueron rápidos y la visión que allí tuve, me dejó primero conmocionada y luego aterida de pánico.

¡¡El lavadero estaba ardiendo!!

Una de las paredes donde mi abuela solía poner velas para rezar a los santos, estaba literalmente en llamas. El fuego había lamido con paciencia las estanterías de madera y había derretido las velas, y el plástico. Los azulejos estaban casi negros y el humo subía hacia el techo convitiéndose en una columna de humo horizontal.

El humo... ¡Dios!. Seguí su rastro con la mirada y me quedé petrificada. Había ido saliendo muy poquito a poco del lavadero y se había introducido ladinamente en la cocina. Sobre mi cabeza, medio metro de humo negro y espeso seguía moviéndose en dirección a las habitaciones y el salón.

Cuando salí de la conmoción, apreté a correr hacia la habitación de mi abuela gritando. La pobre se pegó un buen susto, porque estaba dormida, y le dije que se levantara a ayudarme, que había fuego en el lavadero.

Me dirigí al fregadero a toda velocidad, cogí un olla y la empecé a llenar de agua. Mientras tanto mi abuela llegó a mi lado e hizo tres cuartos de los mismo con otra olla o cubo. Thais, que había estado durmiendo en su cestita con mi abuela en la habitación, nos siguió con los ojos muy abiertos y estuvo a nuestros pies mirando lo que hacíamos. Entonces, ocurrió lo inesperado (¡o yo no me lo esperaba!).

Al comenzar a echar agua al fuego, el humo se intensificó y se arremolinó a nuestro alrededor. La columna de humo que estaba sobre nuestras cabezas, bajó a peso de plomo y nos bañó en cenizas. No veíamos nada, y ambas estábamos frenéticas y con el corazón palpitando muy rápido mientras echábamos más y más agua a los rescoldos.

Cuando ya vimos que lo peor había pasado, llamé por teléfono a mi madre y a mis hermanos. Uno de ellos estaba cerca y llegó antes que ella. La siguiente que os cuento son las palabras que mi cuñada nos describió.

Nosotras no nos habíamos parado a mirarnos, pero mi cuñada lo primero que vio al entrar en la casa, fue... a nosotras.

Las dos estámos llenitas de ceniza; las ropas negras, la cara tiznada de ceniza y marcada de dedos al habernos intentado quitar el sudor de los ojos y la suciedad. Los brazos igualmente manchados de hollín, los agujeros de la nariz, las orejas... todo...¡¡¡ Negro!!!.

Y Linda a nuestros pies, sin saber qué estaba pasando.

Pero entonces, mi cuñada se dio cuenta de que no era linda, esa gata negra que la miraba con ojos muy abiertos!. Era un gato extraño.. como Linda, pero con menos pelo, la cara más pequeña... sus movimientos distintos... un color más claro bajo ese aparente color negruzco.

¡¡Pero si era Thais, nuestra gatita blanca !!

Y ahí se acabó el drama porque entonces mi cuñada no pudo contenerse y se echó a reír con todas sus ganas. Mi abuela y yo, de la tensión que habíamos pasado, nos pusimos a reír también, con una risa nerviosa y no dejábamos de sacudirnos la ropa y de paso... sacudir el pelaje de Thais, que había quedado como una croquetita requemada.

Y así estábamos cuando llegó mi madre y nos vió a todos. Mi hermano y mi cuñada, muy limpitos y enjuagándose las lágrimas, nosotras tres para echarnos una foto; La cocina, los muebles blancos, el suelo, el techo... todo negro y sucio.

Podía haber sido todo mucho peor, pero afortunadamente todo quedó en un susto y en una anécdota que nos hemos contado en muchas ocasiones, rememorando el pasado.

Thais ya puede decir, que hubo un día en el que fue práticamente negra, y la causante de nuestras carcajadas.




sábado, 8 de septiembre de 2007

Erase una vez...

¿Por qué me gustan tanto los animales?

Se lo debo todo a mi familia, que desde que fui pequeñita ellos me rodearon de animales a los que aprendí a dar cariño y también a recibirlo.

¿Por qué me gustan tanto los gatos?

Bueno, también me gustan mucho los perros, y me apasionan los caballos, pero los gatos se adecúan bastante bien a mi forma de ser; Ya que yo soy tranquila, reflexiva, a mi modo independiente, muy cariñosa y muy curiosa, me he sentido muy identificada con estos hermosos felinos.

Todo comenzó cuando mi madre me regaló un gatito siamés. Yo cumplía 5 años. Me hicieron la típica tarta de cumpleaños, me pusieron la mesa llena de galletas y bocadillitos para mis compañeros, pero lo que a mí me volvió loca no fue ni la fiesta, ni el banquete... sino el gatito que pusieron en mis brazos.

Lo llamamos, Michú.



Aquí podéis verme, con Michú en brazos y mi primo abrazándome.

Michú fue para mí, mi compañero de juegos; el que me esperaba en la puerta de mi casa a la salida del cole; el que dormía a los pies de mi cama; el que se dejaba hacer de todo por lo buenazo que era. En definitiva, era mi sombra. Crecí con él y aprendí mucho de su paciencia, de sus miradas largas y profundas, de todo lo que quería decirme y yo podía comprenderlo sólo mirándolo a los ojos. De sus gestos, de sus maullidos, de sus costumbres...



Michú era un animalito silencioso, que se dejaba coger por todo el mundo sin sacar las uñas. Como a Perla, también le gustaban los rayos del sol, su piel era suavita y sedosa. Aquí podéis ver a mi madre sosteniéndolo en brazos. (Gracias, mami, por el corazón tan grande que tienes).

¿Qué más os puedo decir de Michú?. Que el nombre se lo puso mi abuela por un cantante famoso, Machín. Y que era un santo, porque de vez en cuando se me ocurría vestirlo para sacarle fotos. Aquí tenéis algunas, de papá Noel. (No me crucifiquéis mucho, porque era una pequeñaja todavía y aunque ahora me parece un poco indigno de cara al animalito, entonces no le veía el lado extravagante al asunto. )







Otros fotos más "dignas" son estás:





No sé si se ve bien en la última foto, pero Michú tenía el rabo cortito. Desde que mi madre lo trajo, lo tenía así. Quizás nació con esta mutación, o tuvo algún accidente, pero él hacía vida normal sin problemas por ello.

Lo que le traía más por la calle de la amargura, era nuestra perrita "Yenny". También vino más o menos en la misma época a casa, y era una perrita de aguas preciosa. Eso sí, algo nerviosa, muy muy tragona, y vivaracha. Michú y ella se llevaban bien, pero como buen gato que era Michú, "pasaba" de ella la mayoría del tiempo. O sea, la "toleraba".

Aquí tenéis las fotos de ellos dos juntos:



Al dato, la cara de mi gato!!. Si es que una mirado lo dice todo....



Michú tenía una manchita blanca en el cuello, como podéis ver, y tenía una estrellita blanca también, un poco más abajo, en la barriguita. Era más robusto corporalmente que Perla, más oscuro de pelaje y menos largo que ella de proporciones.

Michú nos dejó cuando él tenía unos 10 años aproximadamente, por una complicación en el tracto urinario. No podía hacer pipí. Lo llevamos al veterinario y lo "vaciaron" con jeringuilla varias veces, pero no consiguieron que funcionara su cuerpo con normalidad por él mismo. Desgraciadamente, mis padres tuvieron que dormirlo.

Estuvimos durante un tiempo sin gatitos, sólo con Yenny en casa, pero como dicen, "la cabra tira pal monte" y llegó el día en el que "Wendy" llenó otro cachito de nuestro corazón.

Pero esa es otra historia...

Va de música.. y de supervivencia



Hace unos cuantos años, cuando ya teníamos a Linda, Perla, Criss y Thais en casa, nos surgió una nueva inquilina gatuna.

Mi familia había montado por aquel entonces, una tienda de música y ordenadores, la cual llevaba mi madre magistralmente. En muy poco tiempo, ella se hizo una experta en música de alta fidelidad, marcas prestigiosas y en el montaje de ordenadores. Yo estaba estudiando mi carrera, y debido a que la cursaba a distancia, tenía libertad para estudiar tanto en mi casa como en la tienda cuando no había clientes. Así que acompañaba a mi madre frecuentemente por las mañanas a la tienda, a ayudarla en lo que hiciera falta, o simplemente para hacerle compañía.

Como a las personas a las que nos gustan los animales parece que las circunstancias nos rodean para que se nos crucen en nuestro camino, nos dimos cuenta de que habían unos cuantos gatitos en frente de la tienda, que se escondían de las personas entre los jardincitos que separaban las dos direcciones de la calle.

Mi madre, a la que no le hizo falta mucho tiempo para ver que estaban abandonados y hambrientos, vino una mañana a la tienda con una latita de comida de nuestros gatos. Se acercó al jardincito de en frente, y les puso un poquito de comida y agua en unos cuenquitos de plástico.

Pasó el tiempo y esos gatitos fueron creciendo y conociéndonos, sobre todo a mi madre. Un par de gatitas, cogieron la suficiente confianza como para sentarse delante de la puerta de nuestra tienda y mirarnos por el cristal, cuando nosotros estábamos dentro. Al intentar salir, ellas salían corriendo y se volvían a esconder... pero sabían que las queríamos y las cuidábamos.

En el perido en el que tuvimos abierta la tienda y cuidamos de esos gatitos, pasamos muchos malos ratos. Vimos, desafortunadamente, muchos atropellos de animalitos del vecindario y también sufrimos las consecuencias que suelen padecer los amantes de los animales cuando se encuentran con otras personas que no los quieren para nada.

Gente con malos sentimientos, les ponían matarratas en los comederos y amenazaban con matarlos a palos si los venían rondando por el barrio. También les tiraban los cazitos de agua para que los animales no tuvieran donde beber, y les hicieron la vida imposible - y a nosotros con ellos -, todo lo que pudieron.

Gracias a Dios, una señora del barrio y nuestro vecino, nos ayudaban lo que podían. Cuando no podíamos venir a echarles de comer porque era fin de semana, entonces se encargaban ellos de mirar que siempre tuvieran agua y comida.

Con el paso de los días, mi madre y esas dos gatitas fueron forjando un lazo de amor muy fuerte. Cuando mi madre tenía que irse, las gatitas la acompañaban caminando hasta el fin de su territorio -los jardines-. Se quedaban maullando lastimosamente viendo cómo se marchaba y amasando el suelo con las patitas, diciéndole a su manera que la querían mucho por cuidarlas y darles tanto cariño.

Todos suponemos que ambas gatitas eran hermanas de una camada, porque eran muy parecidas, a cual más guapa. A una de ellas la llamamos Pelusa y a otra Nala.

Un día, estando mi madre, una amiga del barrio y yo en la tienda, charlando, escuchamos un frenazo muy fuerte y un golpe sordo. Nuestra amiga, que estaba muy cerca de la puerta, lo había visto todo, y descompuesta de la impresión, gritó:

"¡¡La han matado, Dios mío, la han matado!!".

No os podéis imaginar el escalofrío que nos recorrió a todas por el cuerpo.

Salimos las tres de la tienda a la carrera y vimos como un hombre salía del coche, disculpándose y diciendo que "no la había visto".

Cuando dimos la vuelta al coche... había un gato tirado en el suelo a medio metro, cerca de la acera. Era una pesadilla. Todas sabíamos que ese gato era en realidad una gata muy querida, familiar, cercana, que hacía sólo 5 minutos estaba viva y viviendo tranquilamente en los jardines.
Era Nala.

Ese día, fue un día muy difícil. Nos fuimos a casa con el corazón en un puño y las lágrimas corriendo por nuestras mejillas. Los días siguientes fueron también muy duros.

Un tiempo más adelante, mi madre consiguió coger a Pelusa y llevarla para esterilizar. No queríamos ver más gatitos atropellados, ni sufrir por ver morir a sus hijos en accidentes o bajo algún veneno de personas malintencionadas, ya que seguíamos asediadas por el vecindario, que tantos mitos y desconocimientos tienen por estos animales a los que consideran casi demoníacos (sobre todo, si eran negros).

Después de operada, Pelusa, que había sido muy delicada para comer siempre, y "muy poquita cosa", tenía muy pocas probabilidades de sobrevivir sola, y en la calle. La veterinaria nos dijo que incluso la operación era mucho para ella y que necesitaría antibióticos para evitar una infeción, además de cuidados imposibles de dar en la calle.

Mi madre, viéndose en ese aprieto y sintiendo por ella todo el amor que le había cogido en esos dos años, decidió que ya iba siendo hora de que Pelusa saliera de la miseria y conociera lo que era una casa. El hecho de que íbamos a cerrar la tienda en unos meses también reforzó su elección.

Así que Pelusa se convirtió en otra peludita y cuadrúpeda compañera gatuna.

Gracias a Dios, esta gata es el agradecimiento personificado. Es la gata más tímida de la casa, la que menos ruido hace, la que menos llama la atención maullando y pasa desapercibida por todos los gatos. Perla la cuidó inmediatamente y se hizo su amiga inseparable. Siempre han dormido juntas y se han acicalado mutuamente en muchas ocasiones.

Pelusa por fin ha encontrado un hogar, en la casa de la persona que más la ha querido, mi madre. En su recuerdo tendremos siempre a Nala, su preciosa y juguetona hermana.

Aquí os pongo unas fotos de Pelusa, para que veáis qué guapa es. Callejera total, y tiene unos ojos y un pelaje que quitan el hipo!.
















Rescada de la Triple A




Thais, es una gatita completamente blanca, de ojos dorados, que tuvo mucha suerte hace unos 7 años.

Un día, mi cuñada y yo nos dirigimos a un mercado en Estepona, con intención de mirar unas cuantas prendas de ropa a buen precio y algún que otro anillito de plata que se me había antojado a mí. Después de pasar toda la mañana para arriba y para abajo, toqueteando jerseys, pantalones y mirándolo todo, vimos casi al término del mercadillo, una jaulita o cajita con gatitos dentro, casi recién nacidos.

Si no recuerdo mal, eran unos 3 o 4 gatitios. Eran todos rayaditos, blancos y negros o atigrados, y entre ellos estaba una minúscula "ratita blanca de laboratorio". Y con lo de ratita, me refiero a Thais. Así os podéis hacer a la idea de lo pequeñita que era.

A penas le había nacido el pelo, y sus patitas, deditos y orejitas eran inmaculadas, rosadas. Sus ojitos eran los únicos que tenían algo de color. Mi cuñanda y yo preguntamos a las chicas que sujetaban la caja, de dónde eran estos gatitos. Ellas nos informaron de que venían de una asociación de animales, posiblemente la Triple A, si no recuerdo mal. Una de las gatas callejeras había tenido una camada y no podían quedarse los gatitos.

Mi cuñada y yo nos miramos. A ambas se nos había ocurrido la misma idea, pero el miedo nos atenazaba. En mi casa ya teníamos a Perla, Linda y Criss!!. ¿Cómo íbamos a traer otro gatito más a casa?. Por otro lado, mi abuela siempre estaba diciendo que ella quería un gatito "para ella". Que Linda y Criss se había encariñado con mis padres y que Perla se había fijado en mí. Así que ella estaba sola... sin gatito.

Tal vez, fue esa la excusa, o que mi cuñada y yo nos mentimos a nosotras mismas diciéndonos: "pobrecita, nos la llevamos, la lavamos el fin de semana y la desparasitamos. Total, si nos riñen, la devolvemos el lunes, pero por lo menos ya va limpita y bien comida. Si no nos la llevamos, seguramente la dormirán!".

La cuestión es que nos tragamos esa "bola" sabiendo que gato que entra en nuestra casa, no sale nunca baja ninguna circunstancia. Cogimos a Thais y fuimos todo el camino de vuelta a mi casa, ideando una forma de explicar lo que había pasado y cómo exponérselo a mis padres para que no se liara una buena.

Peeeeeeeeeeeero.... no nos salió bien.

Una vez delante de la puerta, llamamos a la casa y nos mordimos los labios. Unos pasos sonaron detras. Se abrió la puerta y salió la cabeza rubia de mi madre. Entonces, nos miró... y miró lo que llevábamos en las manos. Thais parecía más una ratita blanca que una cría de gato. Mi madre abrió mucho los ojos y ... no pudimos poner el pie dentro de la casa porque alguién nos cerró la puerta de un portazo. O fue mi madre, o fue mi hermano, el que nos compró a Linda y a Perla hacía 7 años.

La situación fue, que finalmente, tuve que pasar el fin de semana con mi cuñada y mi otro hermano en su casa (para eso está la familia!!!, para darte una casa cuando intentas meter un gato de estranqui sin permiso de los padres!!). Lavamos a Thais y la desparasitamos lo mejor que pudimos. Mientras pasé esos días allí, tanto mi cuñada como mi hermano intentaron que el resto de la familia razonara y aceptara a Thais. Mi abuela estaba nerviosita, deseando de coger a la gatita!!.

La decisión era difícil, pues ya nos juntaríamos con 4 gatos en casa y mi madre tenía ya bastante carga. Pues aunque a mí me gustaban mucho todos mis gatitos, era una estudiante de instituto y no me encargaba de las labores de limpieza. Como mucho, los cepillaba. Así que ahora que tengo mi propia casa y tengo que hacer todas esas labores, la entiendo perfectamente. Pero por entonces, yo sólo quería que Thais viviera con nosotros a toda costa, y que mi abuela pudiera hacer su deseo de tener una gatita realidad.

El lunes entré por la puerta de mi casa... y Thais estaba en mis manos.

No sé cómo fue tomando todo forma, pero Thais pareció entender por qué estaba allí y mi abuela se convirtió en su ama y protectora. Desde entonces, tampoco ellas dos se han separado. Thais duerme en una cestita, a los pies de la cama de mi abuela. Come una cucharadita de yogurt, que mi abuela le da por las noches y es una enviciada de las patatas fritas. Cuando mi abuela se come unas cuantas, siempre le tiene que dar una a trocitos a Thais, porque la vuelven loca.

Ciertamente, Thais, con quien mejor hace migas es con mi abuela. Es una gatita difícil, temerosa de los extraños y poco dada a permitir que la acaricien. A la de edad de 8 meses, Thais sufrió una infección en su sistema reproductor y tuvimos que castrarla y vaciarla de emergencia. Pensamos que no asimiló que la lleváramos al veterinario a la fuerza y que se despertó de la anestesia asustada y dolorida, porque como ya digo, es una gatita con un carácter especial.

¿Cómo se lleva con los demás gatos?.

Pues bien, Perla se convirtió automáticamente en su madre adoptiva y la cuidó y la lavó hasta que Thais la superó en peso y la derriba en sus juegos. Entonces Perla supuso que debía pasar al término de "amiga" y se distació forzosamente de ella para evitar acabar siempre aplastada por la masa de kilos de su hijastra (Thais seguramente pesa un par de kilos más que Perla. Es una gata de tamaño grande, aunque de cabecita pequeña).

Linda vio la oportunidad de subir "un escalón social", y se convirtió en la segunda gata dominante de la casa. Así, tenemos que: Perla zurraba a Linda y a Criss. Criss zurraba a Linda en sus escarceos y pasaba de Thais, pero era zurrado por Perla. Linda zurraba a Thais, pero era zurrada por Perla y perseguida a menudo por su enamorado y perseverante Criss. Luego, Thais, era zurrada por Linda, ignorada por Criss y aleccionada pacientemente por Perla.

Thais tiene ahora mismo unos 7 años, y esta misma mañana he estado rascándole la cabecita, vigilando a la vez que no se me revolviera y me diera un zarpazo por acariciarle la barriga. Eso es algo que no le gusta nada, desde que la operaron.

Aquí os cuelgo unas fotos de ella, para que veáis cómo es de adulta. Qué pena que no tengo fotos de cuando era más pequeñita.

P.D: De vez en cuando, yo la sigo llamando "Ratita".